La educación transforma vidas. Cambia economías. Construye futuro.

La educación ha estado ligada al desarrollo socioeconómico de la sociedad. Proporciona a los estudiantes y ciudadanos las habilidades y conocimientos imprescindibles para insertarse y contribuir a la actividad socioproductiva. Esta afirmación refuerza la cohesión social y, en menor medida, la coherencia con la realidad del país.

La ciudad-estado de Singapur, con 697,1 km², es el país más pequeño del Sudeste Asiático. A pesar de su geografía carente de recursos naturales, ha logrado un notable despegue económico en las últimas décadas gracias a sus inversiones en educación. Esta prioridad se ha reflejado en el impulso de la innovación y la productividad.

El vínculo entre educación y empleo genera y amplía oportunidades laborales, además de mejorar sustancialmente los ingresos de los ciudadanos. Por ello, la educación desempeña un papel crucial en la adaptabilidad laboral, en un contexto donde las habilidades requeridas se han vuelto esenciales para la empleabilidad, el emprendimiento y la competitividad en el mercado laboral.

Entonces, ¿la educación tiene como finalidad el bienestar socioeconómico? Sin duda, además de otras funciones esenciales. En los "7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana", José Carlos Mariátegui aborda el tema de la economía en el Perú, particularmente en el ensayo titulado "El proceso de la economía en el Perú", donde sostiene que "la transformación de la estructura económica del país es la condición de su transformación social". Por su parte, Gary Becker (1930-2014), Premio Nobel de Economía en 1992, desarrolló la teoría del capital humano, según la cual la educación es una inversión que incrementa la productividad y los ingresos de las personas, beneficiando así a la economía en su conjunto. Becker afirma que "la educación y el entrenamiento aumentan la productividad de los trabajadores al mejorar sus habilidades y conocimientos".

 Según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) de 2022, existen diferencias significativas en el acceso a la educación superior entre áreas urbanas y rurales. En las zonas urbanas, el 35,4% de la población de 25 años o más ha alcanzado la educación superior (17,2% no universitaria y 18,2% universitaria), mientras que en las áreas rurales, solo el 9,3% ha accedido a este nivel educativo (3,6% no universitaria y 5,7% universitaria).

El informe de la OCDE "Education at a Glance" (2024) mide la tasa de jóvenes de 15 a 29 años que no trabajan, no estudian ni reciben formación. Los datos varían ampliamente: en Sudáfrica, la tasa es del 40%, mientras que en Noruega y Suiza es ligeramente superior al 5%. El promedio mundial es del 13%, y en Perú, el 21% de los jóvenes se encuentra en esta situación (frente al 18% en 2022, según el INEI).

Ahora bien, ¿cómo aterriza esta realidad en la región de San Martín? Primero, algunos datos: en 2024, 16 483 estudiantes concluyeron la secundaria, de los cuales 3 564 pertenecen a la provincia de San Martín. Segundo, si el acceso a la educación superior es limitado por diversas razones, ¿están preparados los egresados de Educación Básica Regular (EBR) para alguna actividad laboral? Y finalmente, ¿cómo articular la EBR con el mundo del trabajo?

Si proyectamos retrospectivamente los últimos cinco años considerando los datos del INEI, más de 29 000 egresados de la EBR en la región se encontrarían en la categoría de "ni estudian ni trabajan ni reciben formación", lo que plantea un escenario complejo.

Las desigualdades en el acceso a la educación implican desafíos no solo para la responsabilidad política del Estado, sino también en términos de condiciones económicas, sociales y culturales. Además, requieren propuestas que vayan más allá del simple aprendizaje de la lectoescritura. ¿Cómo articular la vida productiva (pequeña, mediana y gran empresa; pequeño agricultor y exportador) con la vida escolar desde una etapa temprana? Si consideramos que la educación (básica, técnica y universitaria) debe estar vinculada a la productividad, ¿qué estrategias debemos implementar y cómo hacerlo?

En algún momento de nuestra historia, se ejecutó una interesante propuesta de Escuelas Ecoproductivas con dos líneas de acción: la articulación de la formación técnica-productiva y la lucha contra la anemia desde la escuela. Este tema merece una exposición detallada aparte.

La educación es un factor determinante para el desarrollo socioeconómico, pues no solo aumenta la productividad y el empleo, sino que también reduce las desigualdades y mejora la calidad de vida de la población. Es fundamental diseñar políticas educativas que vinculen la formación académica con el mercado laboral, especialmente en regiones con altos índices de desempleo juvenil, garantizando oportunidades de inserción laboral y emprendimiento. Menos quejas, más propuestas.

Comentarios

  1. La educación es la clave que abre puertas y transforma realidades. Más que un derecho, es el pilar del desarrollo y la equidad social. Vincular la formación con el mercado laboral es esencial para que los jóvenes sean parte del progreso. Apostemos por una educación con propósito, que inspire, fortalezca y genere cambios reales.
    Dr. Nilton, cada artículo que comparte refleja su dedicación y compromiso con la educación. Su aporte enriquece el conocimiento y motiva a quienes lo leemos. Le felicito por sus logros y por el impacto positivo que genera.

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