Innovación Disruptiva y Democratización
Hace 29 años, Clayton M. Christensen acuñó la frase de innovación disruptiva para definir procesos de creatividad que lidiaban con romper las dinámicas de las mega industrias a partir de fenómenos pequeños pero potentes. En apenas tres décadas, las tecnologías emergentes con avances significativos en diferentes campos del quehacer humano están presentes en nuestra vida cotidiana.
La emergencia en salud pública de la última crisis sanitaria global sin precedentes provocada por el virus SARS-CoV-2 o más conocido como Covid-19 ha sido un punto de inflexión para generar grandes movimientos de entornos virtuales y la democratización de tecnologías en la vida cotidiana del ciudadano mundial. Desde las escuelas con trabajo remoto, plataformas colaborativas, videoconferencias por efectos del coronavirus hasta los centros de investigación, laboratorios clínicos, hospitales, ingenierías, medios de comunicación se han puesto al día en el uso de estas tecnologías que bien Clayron visionó no hace mucho.
Antes de un quinquenio, la innovación disruptiva marca la pauta en que los habitantes del planeta cuantifican y cualifican sus posibilidades, limitaciones y retos cotidianos. Desde programar una película familiar, sincronizar un teléfono inteligente, explorar un street view para dimensionar el lugar, comprar mediante un app ya parecen no ser novedades en la generación actual. Entonces, quedaría atrás quejarse en “no sé usar” para dar el salto a “uy, qué ventajas tenemos”.
Los efectos de la democratización de la teoría de Christensen sobre innovación disruptiva también traen consigo respecto a los comportamientos éticos de los “consumidores” y los modos de vida, interrogantes sobre los beneficios que oferta la industria, implicancias de orden social pero también de orden económico, ambiental y hasta político. Un ejemplo clave es el nivel de accesibilidad a internet en el Perú, el 77,6% de hogares de Lima Metropolitana accede, mientras que departamentos como San Martín apenas alcanzan el 44,6% y otros como Puno solo el 22,2% de hogares tiene acceso a internet según datos de INEI 2023.
La pandemia ha sido un catalizador de estas tendencias, ahora habría que plantear situaciones de aprovechamiento pero también de generar una cultura de beneficios sin descuidar componentes que podrían comprometer los principios y valores ciudadanos.
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