Efectos tutoriales

Hoy en día, las escuelas y las universidades incluyen en sus mallas curriculares el curso o área de Tutoría, concebido como un soporte socioemocional para los estudiantes desde una perspectiva personal que contribuye a su formación profesional íntegra y plena. Este espacio suele estar liderado por profesionales de la psicología.

Sin embargo, hasta la década de los años 90, las escuelas contaban con el departamento de OBE (Orientación del Bienestar del Educando), que cumplía un rol fundamental al orientar el desarrollo psicosocial de los estudiantes. No obstante, también asumía una función disciplinaria, al actuar como un reformatorio encargado de supervisar estrictamente la conducta estudiantil. Tanto es así que, en las libretas de notas existía un casillero para calificar la conducta con una escala de 0 a 20 puntos.

En la educación básica peruana, los primeros ensayos de tutoría surgieron a inicios de los años 2000 con un programa gubernamental denominado Bachillerato. En esta circunstancia, comenzó a usarse con mayor fuerza el término “tutor” para designar al profesional encargado de acompañar y orientar a los estudiantes en cursos, áreas específicas o trabajos de investigación. Durante este periodo, se creó el Programa de Tutoría y Orientación Educativa (TOE), que estableció la tutoría como un componente transversal de la educación básica, orientado a garantizar el acompañamiento integral de los estudiantes. Este programa buscaba brindar soporte socioemocional, orientación personal y académica, así como promover la convivencia escolar.

Por su parte, la Ley Universitaria N° 30220, promulgada en 2014, establece en su artículo 45 la obligatoriedad de implementar programas de tutoría en las instituciones de educación superior. Estos programas tienen como objetivo ofrecer acompañamiento académico, ayudando a los estudiantes a mejorar su rendimiento y desarrollar estrategias de estudio. Además, promueven el bienestar emocional al afrontar retos personales y académicos, detectan problemas de salud mental para dar respuestas oportunas y ofrecen orientación vocacional y profesional. También buscan apoyar a los estudiantes en la toma de decisiones sobre su carrera, en sus prácticas preprofesionales, investigaciones y actividades relacionadas, así como facilitar su adaptación universitaria durante los primeros años. Las tutorías pueden ser individuales, grupales o complementarse con servicios como talleres, mentorías y actividades de bienestar universitario.

En resumen, la educación tiene como objetivo formar ciudadanos y profesionales íntegros en el sentido más amplio de la palabra. En el contexto actual y futuro, el perfil profesional, sea este médico, profesor, ingeniero, mecánico, etc., demanda cualidades relacionadas con la integridad. Esto implica que, además del dominio técnico y especializado en cada profesión, los egresados deben contar con una formación ética y responsable, aunque esta última se vea, en ocasiones, mellada por los efectos de la política.

Comentarios

Entradas populares